“Abrir la puerta” para una vida sin violencia de género

lunes, 18 de mayo de 2020

Creo que la imagen de cuarentena y confinamiento, se presta mucho para entender la lógica del patriarcado, en cuanto a vigilar, castigar y disciplinar, que están directamente relacionados con el control del cuerpo

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En las últimas semanas se han multiplicado informes, reportes, publicaciones en las redes sociales, foros virtuales, sobre el aumento de la violencia contra las mujeres, la niñez, sin olvidar a la comunidad LGTB, y las personas de la tercera edad, durante la cuarentena a causa de la pandemia[1].  Los feminicidios no se han detenido, las cifras siguen siendo espeluznantes[2].  Una pregunta parece repetirse en distintas miradas críticas, al respecto, ¿es que los esfuerzos del movimiento feminista en América Latina, ha sufrido un duro revés, durante esta cuarentena? Agregaría, ¿la teología feminista también?  
El encierro, confinamiento, aislamiento, cuarentena trae distintos efectos en la psique de las personas, y por supuesto en su forma de convivencia.  La teóloga Nancy Bedford en un concurrido foro virtual, hace un par de días decía, que las mujeres por siglos hemos vivido la experiencia de sentirnos “cuarenteneadas”, por distintas razones, sabemos lo que eso significa. 
Creo que la imagen de cuarentena y confinamiento, se presta mucho para entender la lógica del patriarcado, en cuanto a vigilar, castigar y disciplinar, que están directamente relacionados con el control del cuerpo.  Aunque Foucault abordaba estos mecanismos en relación a las cárceles y psiquiátricos, nos sirve comprender el control de los cuerpos de las mujeres, y consecuente disposición de la sujeción de esos cuerpos y hasta de disponer “hacer vivir o dejar morir”.
En situaciones de confinamiento, encerradas con el agresor, la imposibilidad de circular, el estar todo el tiempo en el mismo lugar, el lugar donde se vive, nos lleva a pensar teológicamente esta relación de casa-cuerpo, espacio-poder.  Las cartas deuteropaulinas, como 1 Tim. 2,8-15 (códigos domésticos), centra su atención en las mujeres, aunque este enfoque es desde lo masculino de la época.  Los versos 13-14, por lo general más utilizados como fundamentación bíblica para la subordinación de las mujeres, y aún difíciles para trabajar con la comunidad de fe. Las indicaciones dadas en esa perícopa están en relación al cuerpo (como se debe vestir ese cuerpo de mujer), si bien pueda referirse a aquellas que visten ostentosamente, remitiéndonos a un análisis de clase.  También tienen que ver con el comportamiento en la casa y la asamblea, la autoridad, quién la tiene, sobre quién se ejerce.  La carta devela el hecho de que la mujer enseñe, o de tener autoridad en espacios, donde se generen cambios en las relaciones de poder. 

¡Abrir la puerta, para una vida sin violencia de género!

Para la teología latinoamericana, y específicamente la teología feminista, los desafíos van en la línea de seguir re-trabajando críticamente la relación cuerpo-casa, donde la teología Paulina, concibe la construcción de la ekklesia como una casa: la casa teológica se hace realidad en la casa de la comunidad y en la casa del cuerpo.  Definitivo seguir apuntando hacia los cuerpos, casas y ciudades libres de violencia de género, y apuntando no solo hacia una prevención y contención, sino la reconstrucción de lo emocional y lo social.  Hay que continuar animado a “desencuarentenarse” de tantos confinamientos impuestos y asumidos, y que las comunidades de fe, sean espacios seguros y democráticos.
Los movimientos feministas en su diversidad, seguirán con su lucha para asegurar, defender y hacer uso de las políticas de salud sin excluir a nadie, y reiterar que la violencia de género es una determinante social de la salud de las mujeres, y que se debe trabajar al mismo nivel que otros problemas de salud. Esto debería llevar a las políticas para trabajar las masculinidades, pensar en planes de intervención, para conducir a desaprendizajes, reeducación y repensar otras formas de habitar el cuerpo, y formas de habitar las relaciones de poder. 
 

[1] Distintas organizaciones (ONU, Observatorio de Igualdad de Género, etc.), apuntan cifras de incremento en casos por violencia de género, generando en algunos países, planes de seguridad para ellas y sus hijos, como los refugios; centros de llamada para denuncias; otros mecanismos.  En otros países no hay planes para atender esta situación durante la pandemia.
[2] Informes de México, Perú, Argentina, entre otros muestran cifras de aumento de feminicidios durante este tiempo de aislamiento.

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1 comentario en “Abrir la puerta” para una vida sin violencia de género

  • rene arturo floresrene arturo flores

    me parece pertinente abordar la realidad dramática de la violencia contra la mujer. mejor me parece el abordaje desde la perspectiva teológica, que nos ilumina la reflexión y luego accionar pastoral. si creo que es un gran pendiente trabajar esta realidad del machismo y estructuras del patriarcado en los diferentes ámbitos de la pastoral y comunidades.

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