Reflexión en torno a los sucesos del 3 de enero, 2026

martes, 13 de enero de 2026

Más grave aún que aceptar lo sucedido es normalizarlo, es decir: verlo como algo evidente que “debió haber sucedido”, justificado por situaciones internas del país afectado. Esto significa olvidar las lecciones aprendidas con la servidumbre medieval, el colonialismo moderno y el imperialismo cultural, volviendo así a la cultura de las cavernas: la razón la tendrá quien logre imponerla por la fuerza, cualquier abuso está justificado si quien lo lleva a cabo es el más fuerte (Cf. Sab 2:11).

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La publicación hecha por la UBL a raíz de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el pasado 3 de enero ha generado debate, incluyendo varias reacciones que expresan – en algunos casos de manera vehemente – su desaprobación de la postura asumida por la institución. Este texto no pretende responder a los comentarios específicos, sino prestar atención al tema de fondo.  

Lo que ha sucedido en Venezuela es un indicador preocupante para la estabilidad social en nuestro continente y para la convivencia internacional en el futuro inmediato. Algo que no ha sido comprendido aún en sus verdaderas dimensiones porque, hoy en día, no nos movemos entre ideas sino entre memes, nuestras referencias no son los libros sino las tendencias en redes. No se intercambian argumentos sino ofensas ocultas tras el anonimato digital.  

Tras siglos de dolorosa experiencia basada en las lecciones que dejan las guerras, las hambrunas y las migraciones se han creado instituciones que buscan mediar y resolver los conflictos internacionales, no mediante la fuerza y la violencia, sino mediante la diplomacia y la negociación. Ese ha sido el origen de instituciones como la Organización de las Naciones Unidas, creada tras la segunda guerra mundial y que por décadas ha impedido, entre muchas otras fatalidades, una catástrofe nuclear. 

La intervención militar en Caracas es un hecho criticado y desautorizado ya por un gran número de miembros del mismo congreso del país agresor. Este es, precisamente, el tipo de militarismo unilateral que las instituciones democráticas de las sociedades modernas buscan prevenir. La gravedad de lo sucedido empieza a ser reconocida a nivel internacional. Un presidente europeo ha dicho: “cuando las restricciones constitucionales desaparecen, la democracia se transforma en una autocracia, independientemente de la imagen de legitimidad buscada por las elecciones”.  

Más grave aún que aceptar lo sucedido es normalizarlo, es decir: verlo como algo evidente que “debió haber sucedido”, justificado por situaciones internas del país afectado. Esto significa olvidar las lecciones aprendidas con la servidumbre medieval, el colonialismo moderno y el imperialismo cultural, volviendo así a la cultura de las cavernas: la razón la tendrá quien logre imponerla por la fuerza, cualquier abuso está justificado si quien lo lleva a cabo es el más fuerte (Cf. Sab 2:11).  

Frente al futuro no prevalece la incertidumbre. La Universidad Bíblica Latinoamericana tiene clara su vocación, entre el compromiso con sus raíces históricas y su apertura a los retos de una sociedad en demanda de referentes novedosos y creativos para vivir la fe cristiana en el presente. Las expresiones concretas que adquieren las múltiples formas de pecado estructural en nuestro continente exigen una opción preferencial por las personas y grupos marginados.  

Es allí, en ese entorno, en donde se recrea la solidaridad, la ternura y la esperanza cristiana. La visión para los retos que nos aguardan, está presente ya en la plenitud de vida promovida por el Evangelio de Jesucristo. Esta visión nos convoca a la reflexión y al discernimiento, a la oración y la compasión y a la acción profética y solidaria.

 

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