Cuidando nuestra salud mental en medio de la pandemia

sábado, 10 de octubre de 2020

La cultura tiene gran peso en la definición de lo que consideramos sentirnos enfermos, sentirnos saludables y afrontar la enfermedad. Cada sociedad define enfermedad y salud desde sus propios condicionamientos socioculturales.

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El 10 de octubre de cada año se celebra el Día mundial de la Salud Mental. Este año 2020, en medio del confinamiento por la pandemia del COVID-19, cobra mayor importancia el cuidado de nuestra Salud Mental.  La Salud Mental es parte de la Salud integral. Los conceptos de salud y enfermedad están también estrechamente ligados. En nuestra vida la salud y la enfermedad se pueden presentar como un continuo. Algunas veces los estresores de la vida y otras causas, nos hacen movemos hacia la enfermedad, pero constantemente estamos buscando movernos hacia la salud, hacia el bienestar. Tratamos así de mantener un equilibrio entre ambos puntos. 

La cultura tiene gran peso en la definición de lo que consideramos sentirnos enfermos, sentirnos saludables y afrontar la enfermedad. Cada sociedad define enfermedad y salud desde sus propios condicionamientos socioculturales. En la mayoría de los pueblos de la antigüedad, la enfermedad y el dolor, eran consideradas como producto de la acción de las fuerzas del mal, (espíritus malos, demonios entre otros) incluida la enfermedad mental. La enfermedad y el dolor se vislumbraban como el actuar de fuerzas autónomas y externas a la persona que hacen su víctima, pero ligadas a las conductas de la misma (recordemos al hombre de Gerasa en Mateo 5. 1-20). Estas fuerzas atormentaban con sufrimientos a las personas como castigo por sus errores o comportamientos.  Incluso las llevaban a la muerte. 
 
Estas concepciones, que eran parte de las cosmovisiones de los pueblos antiguos, sin duda estaban muy mediatizadas por el pensamiento religioso. Prevalecieron durante siglos e incluso actualmente algunas personas explican la enfermedad mental y el sufrimiento desde esta visión. No obstante, la experimentación científica sobre la enfermedad y el dolor posibilitó nuevos descubrimientos. Muchas de las anteriores concepciones cambiaron con el advenimiento de la era científica positivista, hasta llegar a reducir la enfermedad a lo físico y la Salud a la ausencia de enfermedad física, desconociendo otras dimensiones constitutivas del ser humano como la Salud Mental, social y espiritual.   
 
Al tratar de superar esa reducción biologicista, la enfermedad mental también fue definida por varios otros enfoques de diversas maneras, tal como la alteración del equilibrio, balance u homeostasis necesario para afrontar las vicisitudes de la vida. 
 
         En la actualidad la enfermedad y la salud es considerada como la conjunción de varios fenómenos complejos que puede implicar tanto aspectos biológicos como sociales, psicológicos y espirituales. Esta amplitud en las definiciones de enfermedad y salud, se enmarca en la visión del paradigma bio-psico-social. Fue en 1978, en la Carta Magna de Alma-Alta de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en donde la salud dejó de ser considerada como la ausencia de enfermedad para ser redefinida como “un bienestar físico, psicológico y social que posibilita a los individuos la satisfacción de sus necesidades, la realización de sus aspiraciones y el afrontamiento adecuado de las situaciones estresantes de la vida” (Organización Mundial de la Salud, 1978). De ahí que la enfermedad mental sería entendida como malestar físico, psicológico y social que conlleva a la insatisfacción de necesidades y limita al ser humano para la realización de sus aspiraciones, impidiéndole afrontar adecuadamente la existencia y el estrés propio de la misma. Sin embargo, es importante incluir además,  la dimensión de la espiritualidad del ser humano en las concepciones de Salud llegando a definir a la persona como una unidad de dimensiones bio-psico-socio-espiritual que lo constituyen como tal. 
 
Recapitulando, los conceptos de salud y enfermedad en sus inicios estuvieron ligados a la creencia en fuerzas del mal externas al ser humano. Se creía que estas fuerzas afectaban a las personas como consecuencia o castigo por sus conductas. Luego, el advenimiento de la era científica dio inicio a las primeras investigaciones científicas sobre la enfermedad y el dolor. Esto conllevó a un reduccionismo fisiológico en el concepto de salud y enfermedad.    Finalmente, la Organización Mundial de la Salud marcó la pauta al definir salud y enfermedad dentro del paradigma biopsicosocial, como fenómenos multidimensionales que requieren atención también multidimensional.  De esta forma se avanzó hacia un concepto integral de enfermedad y salud en el que se hace necesaria la inclusión de la espiritualidad, como dimensión integrante del ser humano. 
 
         Desde esta perspectiva, se debe entender por SALUD el estado de bienestar físico, emocional, socio-cultural y espiritual que posibilita a las personas la satisfacción de sus necesidades, la realización de sus aspiraciones y el afrontamiento constructivo de la existencia propia y la relación con los demás, así como del estrés cotidiano. 
 
         Así las cosas, se entiende por ENFERMEDAD el estado de malestar físico, emocional, socio-cultural y espiritual, que limita a las personas para la realización de sus aspiraciones y conlleva a la insatisfacción de sus necesidades. Esto le impide afrontar adecuadamente la existencia propia, la relación con los demás y el manejo del estrés cotidiano. 
 
         En la actualidad, en medio de pandemia que vivimos no solamente debemos cuidar de nuestra salud física, sino también de nuestra salud mental, emocional y psicológica. El temor al contagio del virus que produce la enfermedad COVID-19 y a la enfermedad misma, nos puede generar un enorme malestar emocional y llevarnos a la ansiedad, el estrés abrumador y la depresión, por el mal manejo de la incertidumbre, miedo y angustia que genera esta situación. 
 
Hoy en día, cuando la pandemia se extiende por toda la humanidad y vivimos en una denominada “nueva normalidad” que resulta incómoda, desafiante, agobiante, intoxicante de tecnología y distanciadora - aunque necesaria para evitar la propagación de la muerte que genera o podría generar este virus que afrontamos - requerimos poner mucho cuidado a nuestra salud mental, darle un sentido a toda nuestra existencia, tener ilusiones, utopías, esperanzas, para no caer en la incertidumbre, ansiedad y depresión que genera la pandemia. Eso implica tener espacios de autocuidado, de ejercicio, de comer saludablemente, de salir con las respectivas medidas, de compartir con otros y otras guardando las medidas o por los medios virtuales y de vivenciar la fe y la espiritualidad. Todo esto sin duda ayudará a nuestra salud mental, física, social y espiritual. 
 
Desde una Pastoral de la Salud estamos llamados y llamadas a cuidar también de nuestra Salud Mental. 
 

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