Predicación y contexto: Apuntes desde América Latina

jueves, 26 de agosto de 2021

Un elemento sustancial en el análisis de la predicación contextual tiene que ver con las personas que protagonizan esta práctica así como el lugar desde donde se realiza. La proclamación del evangelio es responsabilidad de toda la comunidad cristiana, no solamente de algunas personas a quienes se les confiere esta actividad, ya sea de manera profesional o voluntaria. Toda la comunidad es sujeto de la predicación. Esto significa que la palabra que se predica debe ser una palabra que proviene de la comunidad y vuelve a ella. En ese sentido, quien predica ejerce una tarea responsable al hacerlo desde la vida y realidad de su comunidad y en función de fortalecer y edificar esa vida, así como la misión de esa comunidad en su contexto.

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La Consulta sobre Teología Práctica convocada por la UBL en el presente año propició el intercambio de experiencias, saberes y proyecciones de trabajo en las diferentes áreas de la Teología Práctica en los espacios académicos de la región. Varios fueron los desafíos levantados a partir del trabajo de la Mesa de Homilética. Nos gustaría compartir aquí algunos comentarios en torno a la relación entre predicación y contexto, uno de los temas abordados en nuestra Mesa.

La enseñanza y los referentes académicos 

Constatamos que la experiencia de la enseñanza de la Homilética en América Latina, en los ámbitos evangélicos, sigue teniendo en buena medida como referencia teórica los manuales producidos en otros contextos, materiales que centran su atención en las cuestiones formales de la predicación como discurso público así como en la persona del predicador, sus cualidades como comunicador y la integralidad de su vida espiritual. 

Sin demeritar la importancia de estos elementos, señalamos la necesidad de recuperar y sistematizar aquellas producciones académicas que en nuestro continente nos permiten trazar el itinerario de una reflexión contextual en torno a la experiencia y la teología de la predicación, en diálogo con los demás componentes de la teología práctica y en el propio contexto de la acción pastoral de las iglesias.

Desde los textos pioneros de Cecilio Arrastía y Emilio Castro, pasando por la obra de Orlando Costas y llegando a los trabajos más recientes de Pablo Jiménez, Carlos Ham, Luiz Carlos Ramos, entre otros, es posible reconstruir un proceso de producción académica contextual latinoamericana y caribeña en torno a la predicación cristiana que ofrezca, junto a los referentes teóricos tradicionales, visiones teológicas y pastorales más en sintonía con nuestras realidades y desafíos. Colecciones de auxilios bíblicos y homiléticos como Proclamar Liberación (EST, Brasil) y Estudios exegético-homiléticos (ISEDET, Argentina) han significado también una importante contribución a este proceso de pensar y sentir la predicación desde nuestros contextos.  

Predicación y sujetos

Un elemento sustancial en el análisis de la predicación contextual tiene que ver con las personas que protagonizan esta práctica así como el lugar desde donde se realiza. La proclamación del evangelio es responsabilidad de toda la comunidad cristiana, no solamente de algunas personas a quienes se les confiere esta actividad, ya sea de manera profesional o voluntaria. Toda la comunidad es sujeto de la predicación. Esto significa que la palabra que se predica debe ser una palabra que proviene de la comunidad y vuelve a ella. En ese sentido, quien predica ejerce una tarea responsable al hacerlo desde la vida y realidad de su comunidad y en función de fortalecer y edificar esa vida, así como la misión de esa comunidad en su contexto.

Predicar desde la realidad de las mujeres, las personas negras, los pueblos indígenas, los niños y las niñas, las personas ancianas, las personas con discapacidad es un desafío y una necesidad que hace de la predicación un mensaje que pueda responder mejor a las necesidades de las comunidades, un mensaje que transparente los múltiples rostros y anhelos de nuestros pueblos. 

Las mujeres, por ejemplo, han venido desarrollando modelos homiléticos propios caracterizados en general por el cuestionamiento de toda forma de violencia e injusticia. Se pueden identificar algunas perspectivas: el uso del lenguaje inclusivo, desde una perspectiva de género, para las personas y para Dios; modificaciones teológicas, especialmente en la cristología; la hermenéutica feminista de la liberación en la interpretación bíblica; las nuevas imágenes de Dios; un acercamiento relacional o comunitario al tema de la autoridad y el uso de historias de vida.

Si las teologías de la liberación en la región han enfatizado la pregunta sobre quién hace teología y para qué realidad, la predicación debe también tomar en cuenta esas interrogantes para ser más pertinente a la realidad de personas y comunidades.

Una predicación encarnada

La proclamación cristiana que busca encarnarse en la realidad social y política, y desde allí responder a esa realidad con un mensaje comprometido y transformador no es una experiencia nueva en la historia del cristianismo. Sin embargo, en los años 60 del pasado siglo, esta predicación cobró vigor en los diversos movimientos sociales que reivindicaban derechos civiles de personas negras, mujeres, jóvenes, así como una cultura de paz.

Un género particular de la predicación liberadora es la homilía encarnada, desarrollada en América Latina, especialmente en las comunidades de base. La predicación de Monseñor Romero en el Salvador se ha convertido en paradigma de este tipo de homilía. En la aplicación homilética, Monseñor Romero definía dos momentos: la aplicación de la palabra de Dios a la realidad eclesial y a la realidad política, económica y social del país. Al primer momento, él mismo dio el nombre de noticiero, en el cual hacía un balance de la actividad pastoral desplegada por la iglesia durante la semana: habla de las visitas pastorales, comparte el pensamiento de las comunidades cristianas; anuncia las próximas actividades religiosas así como lo que está sucediendo en la iglesia universal. 
 
En el segundo momento, Monseñor Romero ejerce el ministerio profético de la denuncia: describe las violaciones que el pueblo sufre y la tremenda realidad de represión y muerte; enjuicia teológica e históricamente los hechos más importantes de la semana, buscando las causas del mal para proponer profundos cambios estructurales. Así mismo, Monseñor se hace voz de las diferentes fuerzas sociales, mostrando interés por aquellos comunicados que ofrecen soluciones a los graves conflictos del país. A todo esto, unía el llamamiento a la conversión a todas las organizaciones, gubernamentales y civiles, para construir una sociedad más justa.      
 
Este es tan solo un ejemplo de las maneras en que la predicación encarnada ha tomado forma en nuestra región. Existen, por supuesto, otras experiencias. Pero aquí encontramos los elementos fundamentales que nos ayudan a lograr una predicación contextual, responsable y profética. Compartíamos en nuestra Mesa la preocupación ante el hecho de que una buena parte de la predicación evangélica actual se orienta hacia las necesidades individuales, se alinea con las ideologías de consumo y que no tributa a la promoción de una actitud evangélica responsable ante las manifestaciones de exclusión y violencia, el deterioro del medio ambiente y los conflictos sociales y políticos que vivimos. Por otro lado, es una predicación que interpreta acontecimientos como la pandemia actual desde la perspectiva del castigo y el juicio divinos.
 
Frente a esta lamentable realidad, afirmamos que toda predicación encarnada debe ser también una palabra de aliento y esperanza. Denunciar el pecado personal y estructural pero también mostrar los caminos posibles para seguir dando razón de nuestra esperanza en el Dios de Jesús que nos acompaña, se preocupa por nuestro bienestar y nos recuerda que es Señor de nuestra vida y nuestra historia.

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